Opinión: Cuando un rayo cae dos veces en el mismo sitio.

 


La segunda película de Sonic responde a las más altas expectativas.

 

A día de hoy parece que seguimos sin tener del todo claro qué fue lo que pasó con la primera película de Sonic para que pasase de ser algo que tenía un aspecto tan poco confiable, a convertirse en el exitazo que fue y es. Sí, todos tenemos claro que el tema del rediseño jugó un papel decisivo, y damos por hecho que influyeron varias cosas más, como el inicio de esta maldita pandemia que por fin parece empezar a darnos tregua…

 

Pero algo así solo puede ser resultado de varias cosas más, incluidas algunas en las que no hayamos reparado siquiera. Detrás tiene que haber más de lo que aparenta, aunque ni siquiera tengamos en cuenta posibles teorías conspiranoicas de marketing. El caso es que el éxito fue más que evidente, y con esta segunda película estaba la duda de si volvería a repetirse, o de si simplemente habría sido una concatenación de circunstancias que la llevaron al éxito.

 

La cosa es que, a pesar de sus buenos resultados, todos sabemos que la película tenía aún mucho margen de mejora. Pero también sabemos lo difícil que es que llueva a gusto de todos, ya que ni siquiera entre nosotros los propios fans solemos ponernos de acuerdo. Se podía hacer algo más fiel a los juegos. ¿Pero triunfaría eso entre el público objetivo y mayoritario?

 

Era lógico tener dudas, y más cuando el hype no dejaba de aumentar tráiler tras tráiler. Los fans estábamos ya que no podíamos más, pues en cada detalle se notaba que esta vez se había tenido en cuenta la fidelidad a la franquicia desde el primer momento, y no solo para un rediseño en la fase final. ¿Pero gustaría eso al público general? ¿Y al principal público objetivo? Es decir, a los niños.

 

Solo con el rediseño no se habría conseguido todo esto.

Los niños son un público mucho más difícil de ganarse de lo que parece, pues ellos no protestan tanto como los resabidos adultos, pero tampoco se entregan tan a la ligera. En otras palabras, no es lo mismo un niño saliendo del cine como si cualquier cosa, que uno que lo hace gritando “¡Sonic! ¡Sonic!” Y pidiendo más, y más. Algo que sabe cualquiera que tenga niños cerca.

 

Y así, teniendo todo esto en cuenta, llegó la hora de ir a la premier y ver con nuestros propios ojos que tal funcionaba esta segunda incursión del erizo en Hollywood. Aún no había opiniones, ni críticas. Solo una sala donde nos dimos cita los tres principales grupos de espectadores a los que va dirigida esta película: Fans, niños, y los padres de dichos niños. Que son al fin y al cabo los que deciden si llevar a sus hijos al cine, o no.

 

De la película no os voy a contar nada, al menos de momento. No solo por los spoilers, sino porque para ello necesito por lo menos un artículo entero. Y también prefiero daros tiempo a que todos hayáis podido verla antes de entrar en materia. Pero si quiero analizar lo que ha ocurrido en torno a ella, en especial aquel día de la premier.

 

Desde el principio de la película (antes incluso de empezar), hasta la escena postcréditos, el ambiente solo se podía describir de una forma, y esta es como “positivo”. Pero positivo en toda su máxima expresión, de puro buen rollo y gente que se lo está pasando en grande. Esto es medianamente comprensible en el grupo de fans, pues estábamos todos allí en grupo con un hype totalmente disparado que se iba viendo recompensado incluso ante las mejores expectativas.

 

Knuckles creando nuevos fans como ya lo hacía en 1994.

Personalmente no recuerdo haber ido con tanto hype a ver algo y que dicho hype haya sido plenamente satisfecho a tantos niveles, y lo mismo ocurría con todo el grupo de fans. Aquello era una montaña rusa de sentimientos de ilusión, alegría, risas, emoción, e incluso lágrimas. No hacía falta ni que nos mirásemos, podíamos escucharnos entre nosotros y saber que nos lo estábamos pasando en grande viendo algo hecho para tocarnos todas las fibras positivas posibles.

 

Eso nosotros los fans. ¿Pero y los niños? Pues simplemente os diré que aquello casi parecía más la final de un mundial de futbol, que el pase de una película. Los críos estaban que no había butaca que los contuviera, pero al mismo tiempo sin perder detalle de lo que sucedía en pantalla. De vez en cuando alguno gritaba el nombre de algún personaje, como quién grita el nombre de su jugador favorito al marcar un gol.

 

Se notaba perfectamente quienes conocían ya a Sonic de antes, y quienes no. Y lo mejor era ver como se preguntaban entre ellos, arrastrados por esa curiosidad que solamente un crio entusiasmado es capaz de demostrar. Puede que no todos los niños que fueron aquel día a ver la película fuesen fans de Sonic, pero sí que lo eran todos cuando salieron de allí.

 

Esto no es una película, es una “fábrica de fans”. De cada proyección van a salir decenas de nuevos fans del erizo, y fans que lo van a tener grabado a fuego de por vida. Y no solo los niños salían convertidos en fans, a su vez los fans salíamos también convertidos en niños. Es decir, en los niños que fuimos alguna vez cuando conocimos a Sonic.

 

La venta de entradas está ya por las nubes.


¿Pero y los padres? Pues os podéis imaginar su reacción al ver a sus hijos entusiasmados de esa forma, y no solo salían sonriendo porque sus críos se lo hubiesen pasado bien, sino también porque ellos mismos se habían pasado la película entera riéndose y emocionándose con aquella historia sencilla, pero cargada de buen humor y buenos sentimientos. Dos cosas muy necesarias hoy en día.

 

Todo esto lo vimos en la premier, y volvimos a verlo cuando fuimos otra vez a verla una vez ya estrenada. De hecho, en esa ocasión pude aprovechar que estaba algo más “tranquilo” para pegar la oreja y escuchar algunos de los comentarios de la gente al salir del cine, y todos ellos eran igualmente positivos.

 

Es de destacar el momento en el que escuché a un grupo de chavales que decían que se iban a bajar emuladores de las “consolas Sega” (así las llamaron) para ver de dónde venía todo aquello. Y no eran niños pequeños, pues vendrían a tener más o menos la edad que tenía yo cuando nació el erizo. De algún modo pude reconocer y conectar con esa curiosidad por querer saber más sobre Sega y sobre Sonic a esas edades, porque es lo mismo que me pasó a mi allá en 1991.

 

Creo que es algo que todos aquí sabríamos reconocer, básicamente porque todos en algún momento hemos pasado por ello. Ese momento en el que conectas con Sonic y quieres saber todo cuanto sea posible sobre él. Eso es lo que está consiguiendo esta película, y lo está haciendo incluso mejor que la primera.

 

Sí, ese que está junto a Jim Carrey es Takashi Iizuka.

Sí, sé lo que estáis pensando. Yo también lo pensé al escuchar aquel comentario… Que ojalá hubiese salido ya Sonic Origins para atender a las ansias de querer saber más de estos nuevos fans. Pero esperemos que Sega lo tenga en cuenta y no tarde ya mucho más, y así mientras tanto que la gente vaya indagando en el pasado de toda Sega y no solo en el de Sonic.

 

De un modo u otro, las mejores previsiones se han cumplido, y de aquí van a salir legiones de nuevos fans demandando contenido de Sonic. La franquicia está en el que es sin duda su momento de popularidad más alto, mucho más que en los 90, y esto sigue y sigue creciendo. ¿Hasta dónde llegará? No lo sabemos… Pero ya os podéis ir preparando para la nueva edad dorada de Sonic.


Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de Sonic Paradise.